| Por fin estamos en Simikot.
El aterrizaje en la “pista” de aterrizaje de tierra del pueblo, rodeado de montañas nevadas nos ha puesto los pelos de punta. Ya en el pueblo notamos que por esta zona no pasa mucho turismo. Un pueblo medieval nos acoge rodeados de gente que nos hace sentirnos como en casa. Para aclimatar hemos realizado un pequeño trekking que nos ha permitido saborear la belleza del Himalaya en estado puro. Las temperaturas durante el día son agradables, hasta templadas, sin embargo la altura y la cercanía de montañas de más de 7000 metros en los alrededores hace que por la noche sean frías con temperaturas cercanas a los cero grados. Confiamos en que este buen tiempo nos respete y al descender hasta el río las temperaturas nocturnas no desciendan tanto.
Hemos visto el río y parece que está en su sitio, ni mucha ni poca agua. Si bien es cierto que lo hemos observado desde una distancia superior a los 1000 metros y al llegar a la orilla tal vez pensemos otra cosa.
Mañana descenderemos hasta el río con ayuda de los porteadores y nos despediremos de ellos. Estamos impacientes por empezar a descenderlo.
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